domingo, 9 de octubre de 2011

08 de octubre de 2011


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A falta de plan, buenas son tortas
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: Augusto Álvarez Rodrich
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La dificultad creciente para el pensamiento abstracto.
Entre un gobierno que aún no tiene la gentileza de precisar cómo piensa conseguir sus objetivos básicos, y una oposición con la delicadeza de no exigírselo, los primeros setenta y cinco días del régimen transcurrieron con escasa concentración en ideas y, como de algo hay que hablar, se discute de personas en lugar de planes. Como diría María Antonieta, a falta de pan (o planes), buenas son tortas.

Los participantes del ‘sistema político’, desde los que ejercen el poder –como ministros o congresistas– hasta los que informan y opinan sobre este, como los periodistas, tienen una actitud complaciente sobre la escasez de ideas en el debate.

Esto responde a motivaciones diversas. Los ‘aliviados’ sienten que, en contra de lo que temían, el gobierno del presidente Ollanta Humala no ha afectado sus intereses ni estiman que lo hará. Los ‘conformistas’ creen que la simple continuación del statu quo, es decir, una administración responsable del balance actual, es suficiente, tal como el ex presidente Alan García entendió su segundo gobierno, lo cual llevó a los apristas a creer que no meter la pata –como la primera vez– permite reclamar el calificativo de ‘mejor gobierno de la historia’. O, también, las personas con dificultad para frecuentar el pensamiento abstracto.

A solo 25 días para la fecha clave de los 100 primeros días, el gobierno todavía no ofrece precisiones que ya son indispensables sobre la manera como planea lograr objetivos cruciales como inclusión social, seguridad ciudadana o lucha anticorrupción. Mucho se habla respecto de eso, pero sin llegar a aterrizar en planes concretos. Mucha intención, poca acción.

Por ese motivo, a falta de ideas, solo se discute de personas. Los ascensos de la promoción militar de Ollanta Humala en vez de modernización de la fuerza armada; el baile de ‘Mocha’ en vez de qué se hará por la nutrición en este lustro y cómo encaja eso en el plan global de inclusión social –el cual, si existe, es secreto pues nadie lo conoce–; de los embajadores mayorcitos que taponean a los jóvenes en Torre Tagle, en lugar de política exterior; o del canto de Susana Baca o su opinión –increíble– sobre la minifalda en la danza puneña, en lugar de política cultural o de lo que se hará con Canal 7. Mientras, el arzobispo de Piura pretende engatusar a la gente diciendo que los que critican a Juan Luis Cipriani atacan a la Iglesia –¿qué tendrá que ver esta con sus lobbies y maniobras políticas?–, lo cual es repetido por los medios y los periodistas que escriben el boletín de parroquia del cardenal.

Este debate será entretenido, pero es poco profundo e irrelevante, y recuerda ese dicho anónimo que describe bien lo que está pasando: “Las inteligencias grandes discuten ideas; las inteligencias medias, los hechos; y las pequeñas, las personas”.

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